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En estos días de Pandemia, hemos visto con regocijo como los animales silvestres se acercan a zonas urbanas y se pasean flamantes por las calles desiertas, en un claro síntoma de que la parálisis de la actividad humana ha permitido que osos, zorros, cervatillos, aves de diferentes especies, … en fin, compartan alegremente espacios que ahora están menos contaminados y libres de ejemplares de la raza humana y por supuesto de… mascotas.

Esta última frase, viene a colación porque en días pasados en conversación virtual sostenida con dos Jóvenes que se presenta alegremente como Animalistas y Anti-taurinos, pude evidenciar que la aparición de fauna silvestre en los poblados no representa absolutamente nada para Ellos y los regocija el hecho que por estos días no hay corridas de Toros en ningún lado y sólo les preocupa que las mascotas (Léase los perros y los gatos), no puedan salir a pasearse por las calles y además los ejemplares callejeros no tienen Quien les dé comida.

En vano traté de hacer ver la importancia coyuntural de la reducción en la huella de carbono y como la tranquilidad, permite que un ser vivo diferente no se esté ocultando como cotidianamente lo hace, pero no, sólo los intranquiliza saber que en determinado momento alguna familia puede dar prelación a las necesidades básicas de los humanos que la conforman en detrimento de las mascotas que habitan esa vivienda.

Celebraron incluso el hecho que cientos de reses de lidia irán directamente al matadero sin tener oportunidad de luchar por su vida en una plaza de toros, en una incomprensible actitud donde lo que menos les preocupa es la vida de los animales que sean diferentes a Sus mascotas.

Perplejo, no pude entender cuál era realmente la posición de Mis interlocutores respecto al bienestar animal, y mucho menos cuando reaccionaron de forma airada al contarles que en las dehesas dedicadas a la cría del toro bravo, es común ver fauna silvestre de muy diversas especies deambular libremente por los potreros y protegidos por la fortaleza y majestuosidad del Toro que allí habita.

Sencillamente se niegan a reconocer que lo excepcional en ciertos lares, es habitual en otros y que el amor por los animales debe ser Universal, entendiendo el papel que cada uno juega 

dentro del ciclo natural y la cadena alimenticia, además de comprender la actividad humana dentro del dominio parcial que de la naturaleza tiene.